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viernes, 26 de noviembre de 2010

Frío.

Una espesa niebla atrapa a a ciudad. No se ve más que a un par de pasos por delante. Hace frío, un frío que hiela los huesos. La gente va abrigada con gordos abrigos que, junto con bufandas y gorros, a penas dejan ver su, ya congelado, rostro. Mientras que, en clase, estamos mas o menos calentitos y, se nota cierto movimiento, tenemos examen en unas horas. En las calles parece que el frío y la niebla han congelado las calles, a penas coches y, mucho menos gente. Dentro de la clase, la profesora de historia habla, que si Isabel de Castilla, que si Juana la Beltraneja, que si la política, que si las conquistas...En las primeras filas, prácticamente vacías, los adormilados alumnos intentan atender, parece , y es, imposible, la profesora habla y habla, en algún momento hay que "desconectar".
Los de el "fondo sur", cotorrean, contando las ultimas noticias, los últimos partidos o, incluso, de vez en cuando comentan algo relacionado con lo que dice la profesora. Los sentados en la fila de la ventana se distraen inVOLUNTARIAMENTE. Por la niebla, no se ve mucho, algún espacio verde del amplio patio principal. En épocas de nieve, ese patio se cubre totalmente, las estatuas parecen muñecos de nieve y, el cuidado verde, se convierte en una amplia zona de juegos donde, en cuanto sonase el timbre, cientos de estudiantes usurparan ese campo para comenzar una gran guerra de bolas de nieve. Una misión suicida salir esos días del instituto sin recibir un bolazo...Hablando de nieve, la niebla se esta disipando y comienzan a caer algunos copos. Todos los alumnos se giran hacia aquí, hacia la ventana, contentos, sonríen, se ríen, hablan del recreo, de la navidad y, por muy en segundo de Bachillerato que estén, no dejan de ser niños y de emocionarse con tan solo unos copos, los primeros copos. La Navidad ha llegado.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Absurda soledad.

Llego a casa. A fuera, en la calle, hacia mucho frío, acompañado de una densa lluvia. Encendió el portátil, era nuevo, se lo habían regalado hacia unas semanas por su cumpleaños, por su dieciocho cumpleaños. Encendió el tuenti, algún privado, algún comentario en el tablón y algún que otro comentario en foto. En el chat había poca gente conectada, no llegaban a mucho mas de medio centenar, pero también era normal, era viernes noche. Miro así por encima quienes estaban conectados. A simple vista nadie importante. Minimizó la ventana y se puso a ver una película; de repente el sonido de mensaje nuevo del tuenti. Era aquel chico, siempre la saludaba, aunque había habido una época que casi ni se hablaban, la saludaba con un guiño. Era encantador,pero,  a veces la hacia dudar sobre los sentimientos de ella misma, pero luego, llegaba un momento, después de que todo estaba genial que, cuando hablaban todo era extraño, eso la asustaba. O las despedidas con un te quiero, eso también la asustaba...era encantador, siempre atento y dispuesto a sacarla una sonrisa en el día más triste de su vida. pero, ahora no le apetecía hablar con el, con el ni con nadie. Bueno, con nadie con nadie no...la gustaría recibir una llamada, una llamada que llevaba esperando semana tras semana, un llamada para simplemente decir bobadas, una llamada para poder reírse a carcajada limpia, una llamada para poder hablar y llorar si era necesario, una llama sin tiempo, sin limite, sin prisas, una llamada que durase horas, una llamada que como tantas otras veces la hacia sonreír nada mas oír esas voces, una llamada con noticias, novedades ya perdidas, una llamada con alguna que otra ilusión, fantasía o proyecto de futuro, una llamada. un ruido la sacó de sus pensamientos, era otro mensaje del tuenti chat, era de ese chico de nuevo, la decía que quería verla. Cerro el ordenador. No podía seguir con aquello. Se puso las botas y salió de casa. Se puso los cascos y encendió la música a todo volumen, quería olvidarse de todo, aislarse, por unos minutos, del mundo. La gente a su al rededor corría, iba a toda prisa, de un sitio para otro. No entendía esa estúpida razón por la cual había que ir con prisas siempre. Recorrió las calles de la ciudad, de vez en cuando se encontraba con algún conocido. Las calles frías y húmedas, por la lluvia recientemente caída, daban la impresión de soledad, soledad como la que ella sentía ¿Cómo había llegado a ese punto? No lo sabia. No sabia como había pasado de ser una persona con las cosas claras a dudar tanto, de una persona feliz y siempre con gente a una persona triste y amiga de la absurda soledad